En la sociedad actual el conocimiento
científico-tecnológico constituye uno de los principales factores del cambio
social. Al mismo tiempo, el acceso diferencial a este conocimiento es una
fuente de desigualdades sociales al interior de cada país, a la vez que
acrecienta la asimétrica distribución de la riqueza entre países centrales y
periféricos. Por ello, en Latinoamérica, la producción, distribución y
apropiación de los saberes científicos y tecnológicos constituyen un problema
estratégico para el desarrollo económico-social y, por lo tanto, un aspecto
fundamental en la construcción de políticas científicas, tecnológicas y
educativas adecuadas al contexto nacional y regional.
Por otra parte, la magnitud y la ubicuidad de los riesgos
asociados a la ciencia y la tecnología –que del mismo modo que sus beneficios
se encuentran inequitativamente distribuidos– plantean la necesidad política y
ética de que el conjunto de la sociedad participe de un amplio debate, en el
que la trama de intereses y actores involucrados en los problemas
científico-tecnológicos adquiera transparencia, de modo que las decisiones
relativas a este tipo de problemas no queden sólo en manos de expertos y tecnócratas.
El creciente protagonismo de la ciencia y la tecnología,
junto con la necesidad política de ampliar el horizonte democrático en las
sociedades contemporáneas a través de una mayor participación pública, han
sustentado en los últimos años el desarrollo de un nuevo espacio académico
referido a los estudios sociales sobre la ciencia, y en particular, al campo
conocido como “Ciencia, Tecnología y Sociedad” (CTS), que en América latina
presenta un desarrollo todavía incipiente. El enfoque CTS se orienta al
análisis de las complejas relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad,
tanto en lo referido a los procesos de producción del conocimiento como a sus
aplicaciones y a su distribución. En este artículo, prestaremos especial
atención a la relevancia de este enfoque en la enseñanza de las ciencias, ya
que consideramos que afrontar el desafío de democratizar el conocimiento CyT en
el ámbito educativo es una de las claves centrales para la reapropiación social
de la ciencia y la tecnología.
Pensamiento Latinoamericano
en Ciencia y Tecnología: un enfoque pionero en la democratización del
conocimiento científico
Desde hace algunos años, en nuestra región ha comenzado a
manifestarse, tanto en el ámbito político y académico como en el estudiantil,
una corriente crítica que recupera la tradición del llamado Pensamiento
Latinoamericano en Ciencia y Tecnología (PLACT), de cuya gesta fueron
protagonistas indudables varios pensadores argentinos, entre los que se
destacan Jorge Sabato, Oscar Varsavsky y Amílcar Herrera. Las producciones de
estos autores compartían la inspiración de pensar a la ciencia y la tecnología
en estrecha relación con las necesidades del pueblo. Así, destacando la no
neutralidad del conocimiento científico y tecnológico, planteaban la importancia
del desarrollo endógeno de estas herramientas en función del proyecto local de
desarrollo social.
Incluso la necesidad de la participación ciudadana en los
problemas científicos y tecnológicos –uno de los aspectos que más tarde y de
manera independiente asumiría el movimiento CTS que se gestó en los países
centrales– ya estaba presente entre las preocupaciones del PLACT. Amílcar
Herrera, por ejemplo, planteaba la importancia de la participación de toda la
sociedad en la reorientación del sistema científico y tecnológico con el
propósito de hacerlo más flexible y receptivo a las demandas sociales. A su
vez, Oscar Varsavsky enfatizaba la necesaria interacción e intercambio de los
expertos con los actores sociales involucrados en los procesos de caracterización
y desarrollo de respuestas a problemas sociales en los que intervienen la
ciencia y la tecnología, con la finalidad de obtener descripciones abiertas y
provisorias, sujetas a modificaciones y enriquecimiento permanente. A pesar de
sus matices y diferencias, estos pensadores, partiendo de una aguda perspectiva
política, compartían la idea de que un manejo apropiado de los instrumentos
disponibles en ciencia y tecnología podía contribuir a la transformación de
nuestros países, en vistas de la construcción de sistemas sociales más justos y
menos dependientes de los países centrales.
Como parte de esta corriente, Renato Dagnino –que
recupera la tradición de Amílcar Herrera– ha señalado que las políticas en
ciencia y tecnología en Latinoamérica deben orientarse hacia la “reapropiación
social de la ciencia y la tecnología”, lo cual se vincula con la necesidad de
poner en duda la aceptación acrítica del llamado “avance” de la ciencia y la
tecnología, concepción que asume que estos conocimientos serían intrínsecamente
portadores de un carácter socialmente benéfico. Un enfoque alternativo –ya
presente en el PLACT– propone que el saber CyT se obtiene, se acumula y se
difunde a través de prácticas sociales, de modo que sus rumbos no son
“naturales” o “inexorables” sino que emergen de un complejo tejido de
relaciones que se establecen entre el Estado, los grupos empresarios, la
comunidad de investigación, la comunidad educativa, los comunicadores de la
ciencia y el conjunto de la sociedad civil. Así, la apropiación social del
saber científico y la definición de la política científica no sólo tienen que
ver con lo cognitivo sino también con el poder, con los conflictos sociales y
con los cambios culturales.
En relación con estas tensiones, Dagnino advierte que la
desigual distribución del conocimiento científico hace que “los actores
sociales estén situados a diferentes distancias de la posibilidad de asumir
papeles protagónicos en la elaboración de políticas”. Es en este punto donde la
enseñanza de las ciencias en la escuela obligatoria, la extensión universitaria
y la divulgación científica se muestran como ámbitos privilegiados para
promover y sustentar el pensamiento crítico de los ciudadanos y saldar el hiato
existente entre ciencia, tecnología y sociedad. Si bien este desafío es común a
todas las sociedades democráticas, nos interesa destacar que cobra particular
importancia en los países periféricos, en los que la trama institucional es más
precaria y la participación pública es un factor central en la visibilidad de
problemas y deficiencias así como en el reclamo de soluciones que involucran a
la ciencia y la tecnología.
Alfabetización
científica y participación ciudadana
En general, el acceso al conocimiento científico y
tecnológico es reconocido como un derecho que corresponde legítimamente a todas
las personas. Sin embargo, algunos expertos en educación han puesto en duda la
posibilidad de alfabetizar científicamente a toda la población, propósito al
que tildan de “mito”. Se ha planteado, por ejemplo, que suponer que una
sociedad científicamente alfabetizada está en mejor situación para actuar
racionalmente frente a los problemas socio-científicos constituye una ilusión,
ya que se está ignorando la complejidad de los conceptos científicos implicados
y, por lo tanto, la imposibilidad de su comprensión por parte de ciudadanos no
especialistas.
En la historia reciente y en la actualidad existen, sin
embargo, numerosos contraejemplos. Tal es el caso del problema generado por los
fertilizantes químicos y pesticidas a partir de la Segunda Guerra Mundial, en
particular, las consecuencias del uso indiscriminado de productos tales como el
DDT. Lo notable en este caso es que la batalla contra un producto perjudicial
para la salud humana, vegetal y animal, fue dada por científicos como Rachel
Carson junto a grupos de ciudadanos sensibles y capaces de comprender sus
argumentos, sin los cuales la prohibición del DDT se hubiera retardado, con
efectos aún más devastadores. En este mismo sentido, un ejemplo local cuyo
desarrollo se encuentra actualmente en curso es el de las investigaciones del
doctor Andrés Carrasco y otros, sobre los efectos del glifosato y otros
agrotóxicos en la salud. Mientras la mayor parte de la comunidad científica
permanece indiferente a este problema o incluso pone en duda su legitimidad,
diversos sectores sociales tales como “Las Madres de Ituzaingó”, la Asociación
de Abogados Ambientalistas o los médicos de hospitales que se desempeñan en las
áreas más afectadas contribuyen a hacer visible su magnitud, gravedad y
urgencia.
Las problemáticas científico-tecnológicas con
consecuencias sanitarias y ambientales abarcan temáticas tan diversas como las
energías alternativas a los combustibles fósiles –y entre ellas la nuclear–, el
cambio climático, los alimentos que provienen de organismos genéticamente
modificados, la deforestación asociada al avance de la frontera agrícola, la
toxicidad de los agroquímicos, la minería a cielo abierto, entre otras. Todos
estos temas de principal importancia, involucran debates en los que se expresan
posiciones encontradas –tanto en relación con los fundamentos científicos como
con los argumentos de otro orden–, basados en muchos casos en estudios
inacabados o que invocan resultados contrapuestos. Estas controversias,
presentes en todos los problemas complejos, resaltan la necesidad de la
participación pública en la toma de decisiones, tanto en lo que hace a
definición de políticas como a la normativa y al monitoreo. Esto resulta más
evidente si se tiene en cuenta que en estas decisiones no sólo están
involucradas especificidades técnicas sino también, por sobre todo, las
tensiones que resultan de los diversos intereses puestos en juego, que suelen
ocultar la dimensión social y colectiva de los riesgos asociados. Sin esta
participación social, como sostiene Gerard Fourez, “los sistemas democráticos
se tornan cada vez más vulnerables a la tecnocracia, cuyo aislamiento social ha
quedado evidenciado en repetidas oportunidades”.
Así, en relación con el debate acerca de la factibilidad
de una alfabetización científico-tecnológica que posibilite el protagonismo
ciudadano, consideramos que esta meta no sólo es posible sino también política
y éticamente impostergable. Ello no significa que todo el mundo ha de conocer y
hacer uso de las últimas y más sofisticadas teorías científicas. Se trata, más
modestamente, de garantizar a través de la educación formal y no formal la
posibilidad de acceder al conocimiento necesario y suficiente para discernir
sobre las cuestiones que entran en juego al definir políticas en CyT, de manera
que los ciudadanos y ciudadanas puedan optar lúcidamente entre distintas
opiniones expertas. Recordando que así como la alfabetización en lectoescritura
no aseguró para todos la condición de literatos y poetas, sí amplió en forma
espectacular la participación ciudadana a través del voto popular, y ayudó a la
vez a la comprensión de las opciones políticas.
El enfoque CTS para
la enseñanza de las ciencias
Un aspecto central en el proceso de democratización del
conocimiento CyT se vincula con los enfoques asumidos en la enseñanza de las
ciencias. Como hemos visto, la noción de alfabetización científica no es
sencilla ni tiene un sentido unívoco, poniéndose de manifiesto su complejidad
al observarse el escaso acuerdo que suele haber sobre su significado. En cuanto
a este problema, compartimos la postura de Gerard Fourez, quien al referirse a
los objetivos que debe perseguir la alfabetización científico-técnica del
conjunto de la sociedad, señala que no se trata de impartir una serie de
conocimientos particulares precisos, sino más bien un conjunto global que nos
permita orientarnos en nuestro universo. Es decir, hace énfasis en la necesidad
de que los ciudadanos se apropien de un saber funcional para la toma de
decisiones frente a problemas complejos: un saber no enciclopédico sino un
saber que confiera poder.
Como hemos ya sostenido, una clave central en un proceso
de alfabetización científica orientado a sustentar el poder de la ciudadanía es
la reinserción del conocimiento CyT como parte de la cultura, despojándolo de
su mitológico carácter de saber “verdadero”, neutral y necesariamente
progresivo. Ello plantea la necesidad de crear estrategias didácticas que
favorezcan la comprensión de las principales ideas, modelos y aplicaciones de
la ciencia y la tecnología contemporáneas, dando lugar al mismo tiempo a un
análisis crítico y contextuado de sus alcances, limitaciones, conflictos,
incertidumbres y riesgos. En ese sentido los nuevos enfoques en la enseñanza de
las ciencias deben contribuir a hacer visibles los procesos de construcción
social del conocimiento científico y tecnológico, integrando la enseñanza de
los métodos y procedimientos con los que esos conocimientos han sido
producidos, los contextos históricos, sociales y culturales así como los
valores a ellos asociados.
En particular, consideramos que el sistema educativo
–especialmente la enseñanza media– es un ámbito de central importancia para la
formación de ciudadanos capaces de intervenir críticamente en cuestiones que
involucran a la ciencia y la tecnología, tanto en relación con el desarrollo de
la autonomía personal como con la capacidad de participación colectiva en
asuntos de interés común. Y en el escenario de la escuela básica y media, los
maestros y profesores de ciencias son protagonistas centrales, que pueden
orientar y conducir este necesario proceso.
Sin embargo, muchos docentes reclaman no contar con
instancias de formación y actualización continua, o con espacios de reflexión y
de debate, que les posibiliten cumplir este rol satisfactoriamente. Al mismo
tiempo, en el ámbito universitario –en concordancia con los criterios de
evaluación empleados en el sistema científico y universitario, que jerarquizan
de manera extrema la tarea investigativa conforme a estándares internacionales–
es frecuente advertir una escasa preocupación por el mejoramiento en la
enseñanza de las ciencias en otros niveles de la educación. Asimismo, en muchos
casos se percibe una marcada indiferencia frente a problemáticas locales
relevantes, que requieren el uso o la creación de conocimientos que podrían
estar disponibles o ser desarrollados en ese ámbito.
Así, uno de los problemas que deben ser atendidos en
relación con la democratización del conocimiento CyT es la marcada segmentación
del sistema educativo y la ausencia de “puentes” institucionales entre los
diferentes niveles. En esta perspectiva destacamos la importancia de revisar
los vínculos que se establecen entre los ámbitos de producción del conocimiento
científico y aquellos en los que este conocimiento es comunicado y enseñado,
con el propósito de promover nuevos espacios institucionales y políticas de
extensión universitaria que contribuyan a enriquecer la enseñanza de las
ciencias en el conjunto del sistema educativo, en estrecha vinculación con la
realidad social.
Reflexiones
finales, propuestas y perspectivas
Centrando la atención en las funciones y propósitos de la
extensión universitaria, consideramos que un camino particularmente fértil en
virtud de transformar positivamente el actual estado del problema sería
estrechar vínculos entre la comunidad universitaria y los profesores de la
escuela media, promoviendo instancias compartidas de formación y actualización
en la problemática contemporánea de la ciencia y la tecnología. Pero estos
espacios no deben ser pensados como escenarios de flujo unilateral y unidireccional
de formación e información en que la universidad “baja” sus conocimientos a
otros niveles de la educación. Por el contrario, consideramos que este
intercambio puede resultar de especial interés para la universidad, ya que los
docentes que se desempeñan en niveles no universitarios de la educación tienen,
en general, un fuerte anclaje en la realidad social y, por ello, una gran
capacidad para detectar, caracterizar e integrar los problemas complejos que
preocupan a la comunidad. Por ello, al mismo tiempo que atiende al mejoramiento
en la enseñanza de las ciencias en los niveles básicos de la educación, esta
articulación puede favorecer la identificación de problemáticas relevantes que
demanden crear o reorientar líneas o enfoques investigativos, contribuyendo a
orientar los rumbos de una ciencia que aporte efectivamente al desarrollo y a
la inclusión social, en un marco de sustentabilidad ambiental.
Este intercambio también abriría la posibilidad de
revisar críticamente las relaciones entre los distintos actores e instancias
involucrados en la producción científica, identificar conflictos y
discontinuidades (por ejemplo, entre universidad y sociedad, entre organismos
políticos de CyT y sistema educativo, entre investigación y enseñanza de las
ciencias en distintos niveles de la educación), abonando una necesaria
reflexión sobre los cambios políticos e institucionales que se requieren para
que tanto la investigación como la enseñanza de la ciencia y la tecnología en
todos los niveles de la educación hagan su aporte a la construcción de una
sociedad más justa.
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