La principal actividad del hombre, desde que en el neolítico
descubre la agricultura y deja de ser nómada, hasta mediados del siglo XX, ha
sido la agrícola, con la que obtenía los alimentos con los que venía
satisfaciendo una de las primeras necesidades humanas. Cuando con el transcurso
de los siglos van apareciendo otras profesiones por la especialización del
trabajo son muchos de estos profesionales los que la practican a tiempo parcial
para proporcionarse alimentos y emplear el tiempo libre.
La enseñanza y el aprendizaje de la actividad agraria se
hacía en el seno de la familia a través de la actividad compartida, (educación
difusa o ambiental), pero a medida que se fue extendiendo la educación escolar
a toda la población y se fueron incrementando los contenidos de la ciencia
agronómica, se introdujo también la enseñanza agrícola como contenido de la
educación obligatoria. Así la Ley de Instrucción Pública de 9 de setiembre de
1857 (Ley Moyano) establecía entre los contenidos de la Enseñanza Primaria
Elemental, «breves nociones de agricultura, industria y comercio», según las
localidades, y en la Enseñanza Primaria Superior, además de una prudente
ampliación de esta materia, Historia Natural (Ciencias Naturales), «acomodada a
las necesidades más comunes de la vida».
Para facilitar estas enseñanzas el Decreto del Ministerio
de Fomento de 13 de octubre de 1905, estableció que, «en aquellos ayuntamientos
de 750 habitantes o más, se crease un campo de demostración agrícola de una
hectárea con la finalidad de mejorar los conocimientos agrícolas, poniendo al
frente de los mismos, en las localidades en las que no hubiese peritos
agrícolas, al maestro de la escuela. La Orden del Ministerio de Instrucción
Pública y Bellas Artes de 17 de octubre de 1921 que preveía la creación de
campos agrícolas anejos a las escuelas nacionales, siguió considerando la
enseñanza de la agricultura en la Enseñanza Primaria como parte esencial de la
cultura general, tanto de los habitantes del medio rural como del urbano. En su
preámbulo disponía que «la escuela rural, al forjar las almas, debe hacer amar
la vida del campo, del propio modo que a la escuela de la ciudad incumbe hacer
estimar la agricultura. Misión del maestro es dirigir la atención de los niños
hacia la naturaleza y demostrarles la afición a los hábitos y trabajos rurales,
sembrar en las tiernas inteligencias las verdades primordiales de la ciencia
agronómica moderna y abrirles el camino a una perfección cultural que, sin esa
labor previa de la escuela, mañana rechazaría su ignorancia.» Se publicaron
libros de agricultura adaptados a los distintos grados.
La Ley de Enseñanza Primaria de 18 de julio de 1945
reiteró la necesidad de que los contenidos de las distintas asignaturas de la
Enseñanza Primaria estuviesen adaptadas a las necesidades de cada localidad y
además amplió, con carácter voluntario, la Educación Primaria con el período de
Iniciación Profesional, de 12 a 15 años, con tres modalidades: la agrícola, la
industrial y la comercial, según la tradición y el ambiente de la localidad.
Siguiendo la misma ley, los cuestionarios de Enseñanza Primaria de 1953
insistían que en la enseñanza de las Ciencias Naturales debía prestarse,
especial atención a la enseñanza de la agricultura, utilizando para ello el
campo anejo a la escuela.
Las cosas comenzaron a cambiar a partir de la ampliación
de la escolaridad hasta los 14 años en 1964. La Ley de 21 de diciembre de 1965,
que modificaba algunos artículos de la Ley de Enseñanza Primaria de 1945
organizó la Enseñanza Primaria en ocho cursos, buscando su equivalencia con el
Bachillerato elemental, y suprimió la Iniciación Profesional, y en los
cuestionarios de Enseñanza Primaria de 8 de julio de 1965, se suprimió toda
referencia expresa a la enseñanza de la Agricultura, al igual que sucedió,
posteriormente, en la Ley General de Educación de 1970 y en la LOGSE de 1990
que ampliaba, además, la obligatoriedad hasta los 16 años, salvo la posibilidad
en ésta, de establecerla como optativa en tercero o cuarto de la ESO.
Este olvido de la enseñanza de la agricultura en la
educación obligatoria pudo deberse a que en esos años se estaba dando un gran
impulso a la industrialización de España (polos de desarrollo y polígonos
industriales), y a la reducción de la población empleada en la agricultura,
acompañada del éxodo rural y del crecimiento de las ciudades, que a su vez
produjo un debilitamiento y reducción de la enseñanza de la agricultura en la
familia mediante la actividad compartida, a lo que contribuyó también la
escolarización de los alumnos que continuaban en el medio rural, en centros
alejados de su lugar de residencia (escuelas comarcales e institutos de
Educación Secundaria Obligatoria).
Todo ello unido a la globalización del comercio, y al
desarrollo alcanzado por el sector industrial, de servicios y construcción,
junto a la disminución de la natalidad ha hecho que no solo se haya reducido la
población dedicada a la agricultura en La Rioja a 7.800 personas (el 5,5 % del
total de la población ocupada en este momento), sino que se encuentre
envejecida, con dificultades para su relevo generacional, al mismo tiempo se ha
producido también la disminución de la agricultura a tiempo parcial y para el
empleo del ocio, del tiempo libre.
La situación a la que se ha llegado hace necesario el
prestar especial atención a su enseñanza en la escolaridad obligatoria, por
formar parte de la educación para la supervivencia (producción de alimentos,
conservación del medio natural, para preservar sus recursos y garantizar el
bienestar de generaciones futuras), y de la formación de la competencia básica
de la educación obligatoria «del conocimiento y la interacción con el medio
físico» y, por tanto, de la educación básica integral; por constituir la
actividad agrícola una actividad muy adecuada para el ocio y para mantener la
relación con el medio natural y contrarrestar los efectos de la realidad
virtual; porque el paisaje y los productos de la actividad agrícola forman
parte de la identidad riojana (vino, frutas y verduras) y por fin por la
necesidad de crear una mentalidad en favor de la agricultura que contribuya a
la resolución de los problemas de la misma.
Los medios para ello son la adecuación del currículo,
especialmente el del área de conocimiento del medio (Educación Primaria) y el
de las ciencias naturales (ESO), como se prevé en las competencias de la
administración educativa y en la de los centros y el que los municipios e
instituciones de la región organicen actividades relacionadas con la
agricultura para niños, adolescentes, y jóvenes, y ofrezcan huertas de ocio,
como sucede en otras regiones.
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